VII
2014
Informe sobre exclusión y desarrollo social en España
 
 
 
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VÍDEO DE PRESENTACIÓN


Resumen de Capítulo
A 1.El debate sobre el bienestar y su medición
Aunque de una forma casi nunca justificada, se ha utilizado de forma habitual el producto interior bruto per cápita como herramienta de medición de bienestar de las naciones. Sin embargo, sabemos ya desde hace mucho tiempo que el PIB nos ofrece una «falsa» (por incompleta) medida de la economía, al tiempo que no recoge, o lo hace de forma muy imperfecta, el bienestar económico. El conocimiento del impacto de la crisis sobre la población necesita de la utilización de otros indicadores que alumbren lo que está pasando más allá de la luz que proyecta la «farola» del PIB.
El PIB no es fiable como indicador de la capacidad de generar bienestar económico porque incluye en su magnitud el valor monetario de muchos bienes y actividades económicas que no contribuyen a dicho bienestar, entre ellas:
• El valor de la depreciación o consumo de capital fijo.
• El valor de las rentas que obtienen los «no nacionales».
• El valor de muchos bienes y actividades que los individuos demandan para compensar los efectos externos negativos de las actividades productivas (por ejemplo, los gastos dedicados a defenderse de los efectos de la polución medioambiental de todo tipo) a los que puede definirse como actividades y bienes defensivos, y también el valor de las actividades económicas improductivas no desde un punto de vista individual, sino desde un punto de vista social o agregado.
Además, tampoco es un indicador completo por varias razones:
• En la medida que en el cálculo del PIB solo se incluyen actividades legales, queda fuera, en consecuencia, la consideración del conjunto de actividades ilegales que producen bienes económicos que se realizan en una economía. Sin duda que algunas de estas actividades ilegales no deberían formar parte ciertamente de un indicador de bienestar económico, pues corresponden a actividades improductivas de tipo delictivo asociadas con el crimen y la violencia organizada. Pero, fuera de este tipo de actividades apropiativas ilegales , no parece haber motivo para que queden fuera de un indicador de la capacidad de generar bienestar económico la que, sin duda, es la parte más importante de la llamada economía sumergida, aquella parte que produce y vende bienes económicos de forma ilegal por razones de ocultación fiscal.
• En la cifra del PIB no se considera un conjunto de actividades y productos que no pasan por el mercado. Ni el trabajo doméstico extramercado, ni el valor añadido por la producción ya sea individual o colectiva con vistas al autoconsumo, ni el valor añadido por el tiempo dedicado a las actividades de ocio se encuentran recogidos en esta magnitud.
• En la cifra del PIB aparece como estimación del coste del desempleo y de la inseguridad macroeconómica el valor que en los gastos públicos aparece dedicado a estos fines que, con total certeza, infravalora el coste para los individuos de tales situaciones.
Pero el bienestar económico de una sociedad no depende solo del producto que obtiene a partir de sus recursos económicos, sino también de los recursos de que dispone o que tiene, es decir, de su nivel de riqueza material, humana y financiera. El PIB corregido y el volumen de riqueza de una sociedad definen las dimensiones económicas del bienestar, pero este tiene también dimensiones no económicas, como el stock de capital natural, el nivel de capital social y dado el peso que la vida laboral tiene en el bienestar de los individuos, habría de hacer referencia a las condiciones de la vida laboral y la satisfacción con las mismas.
Aun en la inimaginable situación de que se hubiese podido dar cumplida respuesta a todas las dificultades conceptuales y de medición estadística que previamente deberíamos resolver, y se hubiese podido construir un indicador de bienestar social que reflejase adecuadamente el nivel agregado de bienestar no solo económico, sino también social alcanzado por una sociedad en su conjunto, quedaría por satisfacerse una cuestión de primordial importancia que afectaría al propio indicador si este pretendiese tener alguna relevancia, y es la cuestión del reparto de esa capacidad de generar bienestar social que la sociedad tiene, es decir, la cuestión de la distribución del bienestar.
Con estos elementos, la tarea de construir un indicador de bienestar social acabaría aquí. Los pasos ulteriores llevarían a la construcción y uso de lo que se conoce como indicadores de felicidad o de bienestar percibido subjetivamente que han de tomar en consideración que la felicidad se ve afectada por algunas pautas de tipo psicológico, probablemente de base genética, como las siguientes: a) los individuos, a la hora de valorar su «felicidad», realizan comparaciones con los individuos de su entorno; es decir, que son muy sensibles a las diferencias relativas en sus niveles de renta y riqueza, de modo que es habitual que el nivel de felicidad de un individuo se vea negativamente afectado cuando su posición relativa dentro su grupo de referencia cae; b) los individuos se adaptan rápidamente al crecimiento en sus niveles de bienestar económico, por lo que sus niveles declarados de felicidad no reflejan el crecimiento en el bienestar económico en el largo plazo y que, incluso, muestran una importante capacidad de adaptación, también, a las circunstancias desfavorables; y c) que las preferencias, gustos o necesidades son inconstantes y dependen de las circunstancias. Las dificultades empíricas y conceptuales que suponen el uso e interpretación de estos indicadores de felicidad desaconsejan su utilización para la elaboración de un índice de bienestar social como el que aquí se propone.
Junto con los indicadores subjetivos de felicidad, que han dado lugar a un área de investigación específica en ciencias sociales, las propuestas de indicadores de bienestar alternativos que se han ido desarrollando al calor de este debate se pueden clasificar en dos: 1) aquellas basadas en indicadores monetarios (probablemente los más tradicionales desde la perspectiva económica, en los que todos los componentes de los índices propuestos toman valores monetarios), y 2) aquellas otras que proponen la construcción de indicadores agregados en donde, junto a variables económicas medidas en términos monetarios, se contemplen otras expresadas en unidades distintas de medición. Estas segundas pueden optar por dos tipos de implementación. Por un lado, se puede plantear un sistema de indicadores sin plantear ningún mecanismo de agregación o, alternativamente, cabe la opción de agregarlos en un proceso bietápico, primero agregando los indicadores de cada uno de los ámbitos que definen conceptualmente el bienestar en indicadores de dimensión, y luego, en una segunda etapa, se procede a agregar los indicadores dimensionales, presentando así al final del proceso un único indicador agregado de bienestar.
Ejemplos de indicadores que incluyen tanto variables monetarias como no monetarias:
A) Índice de bienestar económico (IEWB) desarrollado por Lars Osberg y Andrew Sharp
Este índice se construye a partir de cuatro ámbitos que recogen los flujos de consumo, el stock de riqueza, la desigualdad económica y la seguridad económica. Estos ámbitos, a su vez, contienen las dimensiones recogidas en la Tabla 1. Con estas cuatro dimensiones los autores pretenden reflejar el bienestar tanto presente y futuro y recoger tanto el acceso medio a los recursos económicos como su distribución.

Dos son las conclusiones que nos interesa resaltar en este momento. La primera de ellas tiene que ver con el desigual comportamiento de los ámbitos del IEWB, mientras que los ámbitos relacionados con el consumo y la riqueza muestran un comportamiento claramente creciente durante las tres décadas observadas, exceptuando una muy ligera ralentización en el entorno de la crisis de 1993, los ámbitos de seguridad e igualdad muestran un comportamiento mucho menos positivo, al tiempo que se resienten de forma más intensa y prolongada de la crisis de 1993. En segundo lugar, cuando comparamos la evolución del IEWB con el comportamiento del PIB per cápita observamos como el primero es mucho más sensible a las crisis y como gran parte del crecimiento económico no se traslada a bienestar social. De hecho, comparado con la posición de salida, el aumento del bienestar alcanzado durante todo el periodo, tal y como lo mide el IEWB, equivaldría a poco más de un tercio del aumento del PIB per cápita. Este resultado es un resultado común de este y otros indicadores de bienestar.



B) Barómetro social de España (BSE), realizado por el Colectivo Ioé.
Es un indicador agregado que incorpora un número elevado de 45 dimensiones o índices sintéticos construidos a su vez a partir de 180 indicadores. Los distintos índices sintéticos se agrupan en 11 ámbitos : 1) renta y patrimonio; 2) empleo; 3) salud; 4) educación; 5) vivienda; 6) protección social; 7) seguridad y justicia; 8) medio ambiente; 9) participación ciudadana; 10) relaciones internacionales; y 11) igualdad de género. Junto con el amplio número de indicadores utilizados, el BSE también es novedoso por el sistema de ponderación utilizado, basado en el peso otorgado a los distintos ámbitos por la población a partir de una encuesta ad-hoc realizada con esa finalidad.
A pesar de las diferencias metodológicas con el IEWB, la conclusión es la misma, y es que una parte importante del crecimiento no se traslada a mejoras de bienestar. Sorprendentemente, la relación entre ambas variables es similar al caso anterior. El bienestar, tal y como lo recoge el BSE, crece un 36% de lo que lo hace el PIB per cápita. Otra conclusión interesante, también compartida por ambos indicadores, es la asimetría de comportamiento del bienestar social en relación al PIB per cápita en auge y recesión: mientras que en las épocas de auge el crecimiento económico tarda en trasladarse a mejora del bienestar y lo hace a una escala menor, durante las recesiones el efecto es inmediato y de similar (en el caso del BSE) o mayor (en el caso del IBE) intensidad.
Un acercamiento diferente es el que realiza la medición del bienestar de la OCDE. Esta adopta una perspectiva distinta al optar por presentar una batería de indicadores que atiendan a las distintas facetas del bienestar.
Como reconoce el propio informe de la OCDE, una vez se dispone de una batería de indicadores relacionados con el bienestar, la construcción de un indicador agregado solo exige decantarse por (y justificar) un modo de agregación (y la conversión de las variables a una unidad de medida común suponiendo que no lo sean). Ahí es donde está el problema, la dificultad de definir un sistema de ponderación, especialmente si estamos en un contexto de muchos países con, probablemente, distintos marcos nacionales y culturales de definición de preferencias y opiniones sobre qué es importante y en qué medida para el bienestar.


A 2.Una propuesta operativa: El Índice FOESSA de Bienestar Social (IFBS)
El índice de bienestar propuesto en estas páginas parte de un convencimiento y un reconocimiento. El convencimiento es la utilidad de desarrollar indicadores alternativos que permitan presentar una visión de conjunto más ajustada a las múltiples facetas que inciden sobre el bienestar. Y ello desde una posición de máxima cautela y humildad, en el sentido de reconocer que, dada la complejidad del fenómeno a medir, es imposible cubrir todos los frentes y satisfacer todas las exigencias. Para ello hemos adoptado una aproximación guiada por el viejo refrán castellano de que «lo mejor es enemigo de lo bueno», concentrándonos por ello en el planteamiento y elaboración de un indicador, «sencillo» aunque no simple, que recoja al menos algunas de las dimensiones que la literatura tanto clásica como moderna reconoce como aspectos relevantes del bienestar social. Consideramos, igualmente, que el hecho en sí de plantear un indicador que recoja estos ámbitos o dimensiones que inciden en el bienestar social, aun a sabiendas del riesgo de no poder siempre resolver de forma plenamente satisfactoria los problemas prácticos vinculados a su construcción, supone, no obstante, reconocer su importancia, y al sacarlos a la luz propiciar el debate y facilitar así, quizá, su mejor resolución en un futuro.
Una primera prevención consiste en reconocer que un índice de bienestar es tan bueno (o deficiente) como lo son los indicadores utilizados para dar cuerpo a los ámbitos o dimensiones que lo estructuran y componen. Es bien sabido que España todavía adolece de serias deficiencias en lo que se refiere a la disponibilidad de estadísticas sociales. Esa restricción es todavía mayor cuando se intentan construir series temporales de bienestar, tarea que requiere de información de épocas pretéritas. Ello, de nuevo, nos obligará a utilizar menos indicadores de los que serían deseables. 

 



 

A 3.Resultados: El auge y la recesión a través de la lente del IFBS
Con la finalidad de poner en perspectiva los resultados obtenidos, en el gráfico 2 se representa el IFBS, según los dos métodos de agregación de los ámbitos componentes del índice que venimos considerando, junto a la evolución del PIB per cápita. Para facilitar la comparación de ambos indicadores, como es habitual, los indicadores se representan en términos índices tomando 1999 como año base. El IFBS muestra un crecimiento mucho menor que el PIB per cápita durante el auge económico, de forma que gran parte del crecimiento económico no se traduciría en ganancias de bienestar, tal y como se mide mediante el IFBS. Ese menor aumento del indicador durante el periodo de auge explica, asimismo que, tras la crisis, o más bien en la parte de ella de la que disponemos información, el bienestar se encuentre prácticamente en el nivel del año de partida.


 

La mayor ganancia y destrucción de bienestar en las fases de auge y depresión se da en el campo del bienestar material. Posteriormente, aunque con ganancias más escasas, destaca el ámbito de la seguridad, donde el fuerte crecimiento del empleo, la caída del desempleo y el aumento de la cobertura de este generan un aumento del indicador, solo empañado por el alto nivel de temporalidad del empleo y la estabilidad de la tasa de pobreza.
En tercer lugar, el ámbito de distribución muestra cierta mejoría, asociada a la caída de la desigualdad, tal y como la mide el índice de Gini hasta el comienzo de la crisis. Esta ganancia se perderá rápidamente tras la entrada de España en recesión. Por último, el ámbito de capital social muestra un comportamiento básicamente plano.


A 4.Conclusiones: el largo camino por recorrer
El indicador que se ha presentado es poco más que un primer esbozo que adolece de importantes limitaciones:
• La debilidad de los indicadores utilizados. Este problema es patente en el ámbito del capital social.
• Tampoco se ha incorporado ninguna referencia al tiempo de trabajo ni a la mayor o menor posibilidad de combinar de forma adecuada el tiempo de trabajo y el tiempo de no-trabajo.
• Al elaborarse el indicador final mediante indicadores agregados, y no mediante información de individuos, no es posible la construcción de indicadores de bienestar para grupos concretos de población.
• En esta primera edición del IFBS se han excluido las consideraciones medioambientales, por lo que sería necesario o bien acompañar el IFBS de algún indicador medioambiental que complemente la información por él aportada, bien proceder a incorporar un nuevo ámbito que recoja ese doble papel del medio ambiente en el bienestar.
Es improbable que pueda desarrollarse un buen indicador de bienestar social sin llevar a cabo esbozos e intentos imperfectos con carácter preliminar que reflejan, siquiera parcialmente, la obviedad de que el bienestar de una sociedad va mucho más allá de su PIB per cápita. Esperamos que esta propuesta sirva para alimentar un debate del que se deriven, en un futuro próximo, nuevas aportaciones que permitan mejorar el IFBS en futuras oleadas tanto en sus elementos conceptuales como estadísticos.